El cientificismo como neognosticismo

14 March 2021

 

En esta reciente entrevista, el Hno. André Marie Villarrubia y el Dr. Wolfgang Smith discuten el tema central de Tres herejías cientificistas, un opúsculo digital que el Dr. ha escrito expresamente para los sacerdotes católicos, aunque está disponible para todos de forma gratuita.

Hno. André Marie:  Bienvenidos a Reconquest, en el Canal CRUSADE Premium, parte de la Red de Radio Veritas. Soy el Hermano André Marie, que les habla desde el Centro San Benito en Richmond, New Hampshire. Nuestras páginas web son Catholicism.org y Reconquest.net. Pueden encontrarme en las redes sociales, simplemente busquen al Hermano André Marie en cualquiera de las grandes plataformas y me encontrarán.

El episodio de esta noche es el #265, “El cientificismo como neognosticismo”, y mi invitado es el Dr. Wolfgang Smith. Esta noche es, de hecho, un gran honor para mí entrevistar a un hombre que creo que es una leyenda viva. El Dr. Wolfgang Smith es un venerable pensador católico que a la vez tiene gran peso como matemático, físico y filósofo.

El Dr. Smith se graduó a los 18 años en la Universidad de Cornell, con licenciaturas en matemáticas, física y filosofía. Dos años más tarde, cursó un máster en física teórica en la Universidad de Purdue, tras lo cual trabajó en Bell Aircraft Corporation para formular fundamentos teóricos en la solución del problema de la reentrada.

Tras obtener un doctorado en matemáticas por la Universidad de Colombia, el Dr. Smith fue profesor en el M.I.T., la U.C.L.A. y la Universidad Estatal de Oregón, hasta que se jubiló en 1992. Su búsqueda de una sabiduría más profunda le llevó a estudiar y reflexionar sobre muchos de los grandes textos filosóficos y religiosos del mundo.

Entre los numerosos libros que ha publicado se encuentran Teilhardism and the New Religion, Cosmos and Transcendence, Theistic Evolution: The Teilhardian Heresy1En realidad éste es el título de la republicación en 2012 del antes mencionado, Teilhardism and the New Religion  (1988). —Ed., Physics and Vertical Causation, y su obra de próxima publicación, The Vertical Ascent: From Particles to the Tripartite Cosmos and Beyond.

El año pasado, el Dr. Smith fue objeto de un maravilloso documental narrado por Rick DeLano, The End of Quantum Reality.  Los oyentes recordarán que entrevisté a Rick sobre la obra del Dr. Smith en el episodio 218 de Reconquest.

Ahora, más recientemente, mi estimado invitado ha publicado un opúsculo digital destinado principalmente a sacerdotes. Se titula Tres herejías cientificistas. Tiene tres capítulos, titulados “La herejía del cientificismo evolucionista”, “La infiltración neognóstica” y “La herejía de la inminencia escatológica”.

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Nuestra entrevista de esta noche se centrará en la segunda parte, así que llamamos a este episodio “El cientificismo como neognosticismo”. Permítanme, pues, decir desde el principio que hay un enlace en Catholicism.org y en Reconquest.net desde el que pueden descargar una versión gratuita de este opúsculo digital, y animo a todos a hacerlo, especialmente a los sacerdotes. Buenas noches, Dr. Smith.

Dr. Wolfgang Smith:  Bueno, buenas noches, hermano André Marie.

AM:  Es un placer hablar con usted, y le agradezco mucho que se haya tomado el tiempo de venir. Voy a entrar de lleno en el contenido, porque hay muchas cosas que me gustaría cubrir en el programa.

Voy a leer algo de su opúsculo, del capítulo dos, un pequeño extracto. Usted dice lo siguiente: “El hecho es que, en el venerado nombre de la ciencia hemos caído presa en masse  de una ideología. Por lo tanto nos corresponde, ante este reconocimiento, dar el siguiente paso: es decir, investigar la propia ideología que subyace”.

Luego, más adelante: “Resulta que lo que subyace y “conduce” secretamente el mundo moderno es de hecho una especie de religión: una religión “del revés”, cabría decir, que en efecto se reduce a esa antigua y proteica contrarreligión que los historiadores llaman gnosticismo.”

Pues bien, mi pregunta es, usted se refiere a esta herejía neo-gnóstica como cientificismo. Lo llama creencia cientificista, que pasa a contrastar con los hechos científicos. Ahora bien, como hombre de ciencia, matemático y físico, usted ve claramente el valor de la auténtica investigación científica. Así que, ¿podría contrastar brevemente los hechos científicos con las creencias cientificistas?

WS:  Sí, efectivamente. El hecho es que, en nombre de la ciencia, ciertas creencias no solo se han hecho vigentes, sino que han adquirido una especie de autoridad incuestionable dentro de nuestra civilización. La mayoría de las personas, incluso los propios científicos, parecen convencidas de que tales teorías, estas creencias cientificistas, son factuales, que se basan en pruebas, y que son simplemente hechos verdaderos y verificados de la ciencia, cuando para nada lo son.

El ejemplo más importante sería el evolucionismo en cualquiera de sus diversas modalidades, empezando por el darwinismo: la idea de que las especies surgen mediante un proceso de mutación y selección natural. Desde esa premisa, promulgada en 1859, hasta la astrofísica einsteiniana, tenemos la idea de la evolución: la idea de que las cosas llegan a existir a partir de partículas básicamente elementales debido a una especie de azar.

Esto es básico para nuestra Weltanschauung  contemporánea. Y, en primer lugar, es insostenible -la evidencia está en contra, no a favor en absoluto-, pero lo más importante es que resulta que la idea de la evolución es realmente el mito central del neognosticismo. Por neognosticismo, me refiero a la forma que el gnosticismo ha asumido en la época postmedieval.

Así que, cuando descubrí eso -que más o menos fue hace poco-, me di cuenta de por qué esta idea de la evolución parece ser sacrosanta, por qué se mantiene prácticamente en la totalidad de nuestro mundo moderno, a pesar de que (a) no hay ninguna prueba en absoluto a favor de ello, de tal teoría; y (b) existen decisivas pruebas en contra.

Así que esto hizo que me diera cuenta de que, como ha dicho San Pablo, “nuestra batalla no es contra la carne y la sangre, sino contra las potestades y los principados, y la maldad en las alturas.” De manera que creo que esto es muy importante.

AM:  ¿Cree que los demonios están ayudando a sostener esta especie de religión cientificista, esta contrarreligión, esta antirreligión?

WS:  Totalmente. Y si no fuera por ello, no tendría ni de lejos el poder que tiene.

AM:  Entonces, no estamos en contra de la ciencia, sino del cientificismo.

WS:  Absolutamente.

AM:  De acuerdo, y una cosa que he aprendido de usted, profesor, al leer su libro sobre la causalidad vertical -donde dice que la metafísica tiene que mantener su lugar propio, por encima de la física- es algo que mi propio mentor, el Hermano Francis, enseñó hace años, y es que si no tienes una filosofía sólida, incluyendo una metafísica sólida (y, por supuesto, la lógica primero), si no se tienen esas cosas en su lugar, y una cosmología sólida, los datos obtenidos de las ciencias empíricas no se pueden entender.

Así que usted tiene la ventaja de ser, por supuesto, filósofo además de matemático y físico, por lo que puede aplicar los principios metafísicos incluso a la física cuántica más actual y demás, y extraer algo con sentido, mientras que aquellas personas totalmente inmersas en ese reino de la física realmente son incapaces de ello.

WS:  Sí, tienes toda la razón. La filosofía contemporánea de la ciencia, la filosofía de la física, es tal que la ciencia y la física realmente no tienen sentido.

AM:  Ajá. Empleó usted la palabra -debería decir, para el beneficio de mi audiencia- usted usó la palabra alemana Weltanschauung,  que seguramente habré pronunciado mal, pero que significa visión del mundo…

WS:  No, la has pronunciado perfectamente.

AM:  Bien. Significa visión del mundo, ¿verdad?

WS:  Sí, exactamente.

AM:  De acuerdo. Es una palabra que sé que le gusta usar, tanto por escrito como hablando. Es una de esas maravillas de la lengua alemana, donde un pensamiento complejo se convierte en una palabra.

Lo siguiente que me gustaría preguntarle es de algunas páginas más adelante, y habla aquí de lo que constituye el gnosticismo. Marca el ritmo para mostrar cómo el cientificismo es neognosticismo, pero para hacerlo, tiene que hablar del propio gnosticismo, históricamente. El gnosticismo clásico, como usted lo llama.

Así que dice esto, doctor. Usted dice: “En suma, el gnosticismo clásico abarca cuatro elementos esenciales: primero, la devaluación radical del cosmos; en segundo lugar, el resentimiento contra el opresivo orden establecido; en tercer lugar, la aspiración escatológica en forma de un “viaje místico” que se ve como escapatoria de tal orden establecido; y por último, la pretendida posesión del “secreto gnóstico” que supuestamente capacita ese acto liberador.”

Quisiera pedirle que nos describiera eso, pero especialmente cómo estas cuatro cosas son una especie de espejos oscuros de la verdadera religión, e incluso hasta cierto punto de la filosofía auténtica. Así que me gustaría que guiara a nuestros oyentes a través de esos cuatro puntos centrales del gnosticismo clásico, pero de manera que podamos contrastarlos con lo que sea que haya en las auténticas filosofías que imitan o falsifican. ¿Le parece?

WS:  Sí, muy bien. Bueno, para empezar, la devaluación del cosmos. Debo decir que la devaluación del cosmos actualmente en boga en realidad es la de reducirlo, si se quiere, a partículas cuánticas, que ni siquiera existen. Es decir, se trata de una devaluación enteramente radical del cosmos.

En términos más generales, la devaluación del cosmos que ha sido propia de la cultura progresista contemporánea en realidad no es más que la idea evolucionista de que todo viene de abajo. Esto es una inversión exacta de la religión auténtica, que reconoce que no solo viene de arriba, sino que, más aún, en última instancia, viene de Dios mismo, que es el creador del cosmos, en sus tres planos ontológicos.

AM:  Ahora bien, doctor, en el gnosticismo clásico, por supuesto, esta devaluación del cosmos era una especie de cosa invertida de lo que tenemos ahora, ¿no es cierto? Es decir, menospreciaban la materia y hablaban del espíritu -ya sabe, una especie de principios espirituales abstractos- lo que les llevaba a querer emprender esa huida mística del cosmos hacia ese reino misterioso.

WS:  Sí, acabas de señalar algo importante. La forma en que se formulaba la devaluación del cosmos en la antigüedad era muy, muy diferente de la devaluación postmedieval. De hecho, la devaluación definitiva del cosmos tras la Edad Media es el materialismo: es decir, la reducción del universo a la materia, sea cual sea su concepción.

En realidad, si lo piensas metafísicamente, te das cuenta de que la materia es, de hecho, algo inferior a la existencia. Es algo que necesita combinarse con la forma aunque solo sea para producir las manifestaciones más bajas de la existencia.

De modo que, con nuestro materialismo, hemos devaluado el cosmos de manera extremada. Y, por cierto, la devaluación no era así en la época clásica, en los primeros tiempos del cristianismo. Estos cuatro puntos característicos se concebían de forma muy diferente.

AM:  Entiendo. Así que mientras que los neognósticos de hoy son materialistas, los antiguos eran una especie de antimaterialistas, ¿verdad?

WS:  Bueno, no sé si lo llamaría así, pero ciertamente adoptó una forma muy diferente, y la diferencia más conspicua entre el gnosticismo antiguo y el neognosticismo o el gnosticismo postmedieval es ésta: que la liberación gnóstica en la antigüedad se concebía como una especie de huida hacia un mundo superior. Era básicamente un misticismo que promulgaban los gurúes gnósticos.

En la época postmedieval, lo corriente es creer que ya no hay ningún mundo superior. De modo que esto planteó un serio problema para los gnósticos: ¿cómo se vuela a los mundos superiores cuando estos ya no existen? Y este problema se resolvió muy ingeniosamente: como explico en mi capítulo, se resolvió rotando el eje cósmico desde arriba  hacia adelante.  Es decir, de la dirección vertical a la horizontal, apuntando hacia el futuro.

En pocas palabras, en lugar de los mundos superiores concebidos mística o metafísicamente, la concepción neognóstica es la de un escatón, concebido en términos futuristas, como un mundo mejor que debemos construir. Por lo tanto, la evolución es esencial, porque en el neognosticismo los mundos superiores se producen  por evolución. La evolución se convierte, pues, en el mito central del neognosticismo.

AM:  Están escuchando Reconquest en el Canal Premium CRUSADE, que forma parte de la Red de Radio Veritas. Soy el Hermano André Marie, que les habla desde el Centro Saint Benedict. Entrevisto al Dr. Wolfgang Smith, y hablamos del cientificismo como neognosticismo.

Dr. Smith, usted mencionó el escatón. Para que nuestros oyentes entiendan, el escatón -la palabra griega de la que proviene la escatología, el estudio de las últimas cosas- es nuestro final, o la meta hacia la que aspiramos. Y antiguamente, por supuesto, los gnósticos, al igual que los verdaderos cristianos, aspiraban a una especie de cielo, ¿no es así? Es como una especie de salvación, una clase de liberación de nuestra existencia presente hacia algo mejor.

Así que dice que básicamente tumbaron el escatón 90 grados. En lugar de elevarnos hacia lo trascendente, nos apresuramos  a algo en el futuro. Creo que lo dijo así en algún punto del libro. Dijo que “la futuridad reemplaza a la trascendencia”. Todo está en nombre del futuro.

WS:  Exactamente. De manera que la evolución se convierte en el mito central, porque el futuro, tal como lo conciben los gnósticos, es algo que tenemos que construir nosotros mismos. En otras palabras, desde el punto de vista darwinista, la evolución termina con la biosfera: pues bien, en el neognosticismo la evolución no  termina ahí. La biosfera pasa a no ser más que una etapa intermedia. La evolución continúa en el plano colectivo y, de hecho, acaba siendo política, implicando que se formen superorganismos, por así decirlo. Así pues, el escatón según el neognosticismo es, en cierto sentido, algo que hace el hombre.

AM:  Bueno, gracias, sí- {charla cruzada} Discúlpeme…

WS:  Solo quiero añadir un hecho muy, muy importante -muy, muy importante, en especial para que los católicos lo entiendan: históricamente, el gran gurú neognóstico de nuestra época no fue otro que Pierre Teilhard de Chardin.

AM:  Sí.

WS:  Él personificó esta perspectiva neognóstica. Y si se leen sus voluminosos escritos desde el punto de vista de lo que yo llamo neognosticismo, se ve cómo encajan perfectamente.

AM:  Sin duda, Teilhard de Chardin, como la mayoría de mis oyentes sabrán, fue un sacerdote jesuita muy progresista. Era tanto un hombre de ciencia -supuestamente- como religioso -de nuevo, supuestamente.

Un amigo mío me dijo una vez que engañó a todos los científicos haciéndoles creer que sabía teología, y que engañó a los teólogos haciéndoles creer que sabía ciencia. Me parece que era una simplificación divertida.

Pero usted dedica bastante tiempo a Teilhard, y ya que lo ha mencionado, voy a adelantar las preguntas que tengo sobre él. Teilhard tuvo una idea disparatada, que él llamaba ley, y actuó como si fuera una especie de principio fundamental de la ciencia, que dice que es una “gran” ley. La de que la conciencia brota de la complejidad.

Así que interpreta la evolución, que supuestamente parte de la nada, y llega luego a algo -las partículas subatómicas, luego los átomos, después las moléculas- y finalmente, añadiendo cada vez más complejidad, aparece la vida. Y luego, incluso con mayor complejidad, brota la conciencia.

Así que ofrece tal principio, que básicamente… creo que usted lo trata aquí muy bien, diciendo que esa ley de la complejidad/conciencia es el “secreto” neognóstico de la empresa teilhardiana. De modo que ese cuarto elemento del gnosticismo -el secreto gnóstico, el conocimiento secreto que nos dará la clave para esa huida mística del statu quo– es ese principio. ¿Podría ampliárnoslo un poco? ¿Cómo es que Teilhard dice eso, y qué tiene de tan abominablemente falso?

WS:  Sí, veamos. Su principio de -¿cómo lo dice? – complejidad/conciencia. En primer lugar, permíteme decir que en sentido tanto científico como filosófico, la idea de que la conciencia brota de la complejidad es totalmente infundada, y en realidad no tiene ningún sentido.

Pero dejando eso de lado: en la síntesis de Teilhard -en su filosofía neognóstica- este principio de complejidad/conciencia desempeña realmente el papel del secreto gnóstico. Estoy dispuesto a creer que Teilhard de Chardin lo concibió realmente así: el principio fundamental de la evolución es que, en primer lugar, hizo que las especies animales existieran – incluyendo entre ellas al ser humano – y que, en segundo lugar, produjo organismos superiores: por ejemplo, las estructuras políticas y económicas del mundo, que Teilhard concibió como si constituyeran realmente una especie de hiperbiología. Es decir, se trata de organismos superiores. Así es como lo imaginaba.

Y luego, en su escatología, estaba convencido de que la humanidad iba a evolucionar por sí misma hacia la Nueva Jerusalén. Estaba convencido de esto, de que en última instancia no es en realidad Dios quien nos crea con el universo, sino que somos nosotros mismos quienes, habiendo evolucionado, en cierto momento tomamos las riendas de la evolución; y con ello, nosotros mismos pasamos a construir el mundo venidero, concebido en términos futuristas.

AM:  Así que esto es lo que él llama el Punto Omega, o el Punto Omega, donde nos dirigimos a ese final. Pero no es un final trascendental, en los cielos. Es un final que está en el futuro. Y al final se trata de que evolucionamos hacia Dios, ¿no es así? Quiero decir, ¿no es eso lo que dice?

WS:  Sí. Cierto, completamente. En otras palabras, si hubiera dicho claramente lo que tenía en mente, el mundo católico lo habría considerado instantáneamente como un hereje. Habrían rechazado completamente sus enseñanzas. Hasta los católicos más liberales lo habrían hecho.

De modo que parte de su éxito -que fue fantástico, fenomenal- se basó en que la gente no entendiera lo que realmente decía. Recuerdo que después de conocer el neognosticismo, cuando releí algunos de los ensayos de Teilhard de Chardin: por primera vez en mi vida me di cuenta de lo terribles que son, porque ni remotamente son compatibles con la enseñanza cristiana. De hecho, ¡son abiertamente anticristianos!

AM:  Ahora bien, Teilhard escribió el libro llamado The Future of Mankind. También escribió otro, titulado El fenómeno del hombre, y creo que este último viene a ser como su obra maestra, ¿no?

WS:  Sí, creo que es su título más central.

AM:  Se publicaron respectivamente en 1964 y 1965. Pero en uno de ellos escribe algo -y supongo que fue una traducción al inglés, así que no estoy seguro de cuándo lo hizo originalmente en francés. El caso es que en uno de esos libros escribe ¡sobre la bomba nuclear! Quiero decir que es algo como poco moralmente cuestionable. No hace falta hablar de la moralidad de la bomba nuclear, pero ciertamente lo que se hizo en Hiroshima y Nagasaki no fue moralmente justificable. Sobre la propia invención de la bomba nuclear, la bomba atómica, de Chardin dijo:

“¿No fue simplemente el primer acto, o una suerte de preludio, en una serie de acontecimientos fantásticos que, habiéndonos granjeado acceso al corazón del átomo, nos conduciría a derribar, una por una, las muchas otras fortalezas que la ciencia ya estaba asediando? Vitalizar la materia mediante la creación de supramoléculas. Remodelar organismos humanos con hormonas.” ¡Qué oportuno es esto! “Reajustar y liberar internamente nuestras almas con la acción directa de corrientes gradualmente desenterradas con el psicoanálisis. Suscitar el control de poderes intelectuales insondables y eficaces que aún están latentes en la masa de la humanidad.”

Así que habló casi de lo que ahora se llama transhumanismo. Hablo de la manipulación científica de genes y hormonas, y básicamente de la alteración del hombre, supuestamente para adelantar su evolución y empujarlo hacia el Punto Omega. Y todo esto – lo que él argumenta – es resultado de la ciencia, de la división del átomo.

WS:  Sí, es verdad. Por cierto, todo lo que cita en ese arrebato tan repulsivo que acabas de leer, hoy en día está de hecho completamente refutado. Ningún científico reputado cree en ninguna de estas posibilidades, que Teilhard en estos pasajes ve como tremendos avances en la dirección en que se mueve todo.

Pero se trata de uno de esos pasajes, bastante raros, en los que Teilhard, por así decirlo, se olvida de sí mismo, y entra en una especie de desvarío casi satánico, que cualquier lector remotamente cristiano no puede sino encontrar bastante repulsivo.

AM:  Ajá, sí. Sé que Teilhard tenía algunos problemas morales, no hace falta que entremos en eso. Pero era un charlatán. Quiero decir, propagó fraudes científicos, y se metió en problemas con sus superiores jesuitas. Por lo menos, hizo que se prohibieran sus escritos. No se podían publicar, pero circulaban en secreto entre los noviciados y casas de formación de jesuitas, y ayudó a corromper a toda una generación entre ellos. Esto lo hizo antes del Vaticano II.

WS:  Sí, así es.

AM:  Me gustaría volver a lo que trata en la sección de la inmanentización del escatón. En lo que me parece una de las secciones más fascinantes del opúsculo, usted se basa en las ideas del Dr. Eric Voegelin para explicar cómo la ideología notablemente intrascendente del cientificismo – totalmente inmersa en este mundo y en lo material- puede ser considerada gnóstica, o al menos neognóstica.

Voy a leer ahora lo que dice en la página 21 -disculpe que vaya hacia atrás-, pero quiero leer esto en beneficio de la audiencia, y tal vez usted podría comentarlo un poco. Ya ha tocado estos puntos, pero quiero que el público escuche su texto:

“Bajo tales auspicios el gnosticismo sigue siendo, naturalmente, concebible como subcultura o contracultura en oposición al Zeitgeist  prevalente. Pero ¿cómo puede haber gnosticismo dentro  de la corriente cultural en una civilización que abjura de la trascendencia? ¿Cómo en efecto se puede hablar de un ‘vuelo desde este mundo’ cuando éste mundo ha pasado a ser en efecto lo único que existe? Para esto, las antiguas doctrinas gnósticas evidentemente necesitaban interpretarse con una nueva clave: el gnosticismo contemporáneo, para ser concebible, requiere obviamente una nueva hermenéutica, es decir, un nuevo modo de imaginar el ‘vuelo’ gnóstico. Y eso es de hecho lo que hace. Como indica Eric Voegelin, la interpretación que se precisa se logró con lo que él denomina ‘la inmanentización del escatón’: en lugar de un escatón que trasciende los confines ontológicos de este mundo que se percibe sensorialmente, el gnosticismo moderno imagina un fin que se realiza en este mismo plano ontológico, dentro de los marcos de la historia humana. Por decirlo en términos geométricos, se ha rotado 90 grados, convirtiendo el “arriba” en el ‘adelante’: la escatología, así, se ha convertido en una especie de activismo social, es decir, una ‘ingeniería social’.”

Doctor, la verdad es que hay mucho en ese párrafo. Lo he releído una y otra vez. Debo señalar que Eric Voegelin fue un profesor alemán que huyó… Enseñó, creo, en la Universidad de Viena, y huyó de Austria cuando Hitler invadió. Enseñó en la LSU, donde yo estuve varios años…

WS:  ¡Vaya!

AM:  En Luisiana, de donde soy. Pero murió en 1985, y yo no estuve en la LSU hasta cuatro años después. Pero el Dr. Voegelin hizo algunas observaciones interesantes y, por supuesto, William Buckley popularizó sus ideas y las convirtió en el imperativo: “No inmanenticéis el escatón”. Porque el Dr. Voegelin vio esto como la realidad política que los comunistas y los nazis tenían en común, que decapitaron la idea gnóstica de modo que no hay ese movimiento trascendente hacia arriba, sino únicamente este desplazamiento hacia adelante.

Así que todas estas ideologías políticas, que varían y compiten entre sí, tienen una cosa en común: que todas defienden lo que harían en nombre del futuro. No en nombre de la tradición – no en nombre de alguna tradición filosófica – sino todo en nombre del futuro. Así que es la “futuridad”, ¿no?

WS:  Sí.

AM:  Mientras leía esto… Aunque no he leído el libro que usted está publicando -obviamente, ya que aún no se ha publicado- pero está trabajando en otro también. Y empecé a darme cuenta de que hay un elemento común entre el libro que publicó hace algunos años -quizá el año pasado, o tal vez hace dos – y en el que está trabajando ahora, o al menos lo que incluyó de él en este opúsculo. Y es que trata de la causación vertical en el volumen anterior, mientras que aquí se refiere a un ascenso  vertical. Y creo que su nuevo libro incluso tiene “ascenso vertical” en el título.

Así que, supongo que lo que pregunto es si está vinculando estas ideas. Usted se opone a la inmanentización neognóstica y cientificista del escatón. Supongo que propone, en cambio, un ascenso vertical, como dice el título de su próximo trabajo. Y me parece que es un complemento lógico al tema de su anterior volumen sobre la causación vertical.

Entonces, ¿apunta esto a que nuestro Señor Jesucristo, que es el Logos  encarnado, es el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin? Me refiero a que esto es lo que dice nuestro Señor en el Apocalipsis. ¿Es eso a lo que usted apunta?

WS:  Bueno, mi último libro – que por cierto terminé hace bastante, y si no fuera por el COVID, se habría impreso hace unos tres meses, pero tal como están las cosas… creo que la edición de tapa blanda ya está en imprenta, y la otra lo estará en breve.

Pero cuando hablo del ascenso vertical, me refiero en primer lugar a la cosmología. Y el reconocimiento que documento en mi libro, The Vertical Ascent,  va en el sentido de que el cosmos es “tripartito”. Ahora bien, creo que la idea del cosmos tripartito es muy antigua, y siempre la reconocieron las altas culturas filosóficas antiguas, tanto de Oriente como de Occidente.

Y lo que equivale a esto es que el cosmos comprende tres planos ontológicos. El más bajo, que denomino el corpóreo, está sujeto a los límites del espacio y del tiempo. Luego hay un intermediario, que solo está sujeto al tiempo. Y por cierto, esto se ha olvidado casi por completo en Occidente; pero es real, ¡lo puedo asegurar! Cuando viajé por la India, vi cosas que serían inexplicables si no fuera por la existencia de este reino intermediario.

Luego, en el tercer nivel -el más alto- hay un plano ontológico que no está sujeto ni al espacio ni al tiempo, al que Santo Tomás de Aquino llama mundo eviterno. Es el mundo inteligible de Platón. Realmente el ámbito del que emana la causalidad vertical; y por cierto, resulta que no se puede entender la física sin conocer la causación vertical, porque resulta que el acto de medir un sistema cuántico no se realiza por la causación ordinaria -a la que llamo causación “horizontal”, que actúa en el tiempo- sino que se realiza de hecho por la causación vertical, que es instantánea.

AM:  Lo que implica el concepto aristotélico de forma, ¿verdad, forma sustancial?

WS:  Sí. Eso es, lo implica en el sentido de que lo que distingue el nivel corpóreo, que mide, del nivel cuántico, que es lo medible, es el hecho de que el mundo corpóreo está constituido por formas sustanciales. Es la forma sustancial la que da el ser, y el reino corpóreo solo es el reino más bajo del ser real. El reino intermedio es más alto, y el eviterno es el más alto.

AM:  Muy bien, así que cuando se tienen estos tres planos, hay una conexión entre la causación vertical, que es el principio, y luego el ascenso vertical, que es el final, ¿cierto?

WS:  Bueno, por ascenso vertical me refiero simplemente al reconocimiento de esta estructura tripartita, o al reconocimiento de lo que podría llamarse la verticalidad.

AM:  Entiendo.

WS:  La cuestión es que la verticalidad ha sido, por así decirlo, eliminada de la cosmovisión contemporánea: todo son partículas, todo está, en cierto sentido, en el plano más bajo. Y el “ascenso vertical” tiene que ver simplemente con el hecho de que existe  la verticalidad, y con que el mismo ser humano es tripartito. Esta cosmología tripartita que acabo de mencionar es un análogo cósmico de la antropología tripartita: es decir, se trata de que el hombre mismo se compone de corpus, anima  y spiritus.

AM:  Bien.

WS:  Ha sido totalmente olvidada, y es necesario redescubrirla si queremos dar sentido al mundo, y a nuestra propia vida.

AM:  Cuando habla de la antropología tripartita, menciona el soma, la psique y el pneuma:2Soma, psyche  y neuma  son los términos originales griegos que corresponden respectivamente a los latinos corpus, anima  y spiritus.  En castellano: cuerpo, alma  y espíritu. —Ed.el cuerpo, el alma -o principio animador, ¿no? – y luego el espíritu, que nos da nuestras facultades superiores, el intelecto y la voluntad?

WS:  Sí.

AM:  Bien, así que eso es esencialmente una idea platónica, ¿verdad? O una visión platónica del hombre, la tripartición… San Agustín sostenía eso, ¿no? Quiero decir que también es una idea agustiniana.

WS:  Sí, San Agustín lo hizo. Santo Tomás no lo hizo del todo, porque asimiló el intelecto a la psique: consideró el intelecto como una facultad del alma. Creo que lo hizo, no porque no supiera más, sino porque, después de todo, escribía para seminaristas: escribía, por tanto, en lo que, en el lenguaje antiguo, se habría llamado un nivel exotérico.

Una de las notables diferencias entre la Iglesia primitiva y la posterior es que la Iglesia primitiva era muy consciente del hecho de que la enseñanza, que se remonta a nuestro Señor, en realidad se divide en dos tipos o niveles diferentes. Está la enseñanza catequética, que es para todos, y que está puesta por escrito; después hay una enseñanza superior, que podría llamarse la tradición oral -o también podría llamarse esotérica– que no es para todos. Y es muy, muy importante, para la salud de la Iglesia, que ambas enseñanzas se difundan: que no sea una u otra sino que coexistan ambas. Y es lamentable que, en tiempos posteriores, se haya perdido tal equilibrio.

AM:  ¿Se refiere a lo que los griegos llamaban mistagogia?

WS:  No, no hablo de eso.

AM:  De acuerdo.

WS:  Bueno, al menos no lo creo. Igual es que no entiendo ese término. Pero una de las fuentes clásicas que nos ilumina sobre esta cuestión es un trabajo de Clemente de Alejandría llamado Stromata, donde habla muy explícitamente del hecho de que no solo hay una tradición escrita o catequética, sino que también hay una tradición oral, que se transmitió, primero a algunos de los auténticos discípulos de nuestro Señor, y de ahí se transmitió, pudiendo llegar también a él, Clemente, por su maestro, Pantaeno. Pantaeno renunció a la cabeza de la

AM:  -la Escuela Catequética-

WS:  -alrededor de 200, y se retiró. Así que había estas dos tradiciones separadas. Por cierto, San Pablo se refiere a ello muy claramente, y también nuestro Señor: el día antes de su Pasión dijo a sus discípulos: “Tengo aún muchas cosas que deciros, pero todavía no estáis preparados”.  Se trata de una referencia a esta otra tradición -que no es para todos- y que se asocia mucho con San Juan, el Discípulo Amado, a diferencia de San Pedro, la Roca, sobre la que Cristo fundó su iglesia.

De todos modos, solo quería mencionar que existen estas dos tradiciones, y que, cuando Santo Tomás asimiló el intelecto al nivel del anima, hablaba en términos de la tradición exotérica, no en los de la oral o esotérica.

AM:  Ya veo. Comprendo. Me gustaría volver a hablar de esta paradoja que usted plantea del cientificismo como neognosticismo. Usted se hace esta pregunta: ¿Cómo se puede devaluar el cosmos cuando, de hecho, se lo ha elevado a realidad fundamental?

Así que el cientificismo… los materialistas en nuestra época actual, ¿cómo pueden devaluar  simultáneamente el cosmos mientras sostienen que el cosmos mismo -como vemos, este reino material- es la única o la primera realidad? Es cierto que usted da una respuesta a eso en el opúsculo pero ¿le importaría darnos una respuesta hablada? ¿Cómo se resuelve esa paradoja?

WS:  Bueno, creo que se responde con el hecho de lo que llamo cosmos tricotómico, porque el plano corpóreo es el más bajo de los tres niveles: así que extrae su realidad del intermediario. Por cierto, el intermediario es el plano en el que se encuentran las formas sustanciales. De modo la realidad que vemos aquí, en el plano corpóreo, deriva en realidad del intermediario, y el intermediario obtiene su realidad a su vez del eviterno. Y así, cuando se reduce el cosmos al nivel corpóreo, tenemos la devaluación definitiva.

AM:  Eric Voegelin llama a esto, creo, decapitar el universo  o algo así.  Habla de esta decapitación en la que devaluamos el ser. En cuanto se hace que el ser -uno de los trascendentales- no sea trascendente no sea trascendente, se devalúa el cosmos entero.

WS:  Totalmente cierto. Básicamente se reduce a la inexistencia, porque el ser  no se origina en el nivel corpóreo. Todo el ser  que hay en el nivel corpóreo deriva del intermediario, donde se tiene la forma sustancial. Y el intermediario en realidad obtiene su ser de lo eviterno.

AM:  Bien, así que hay algo que desciende desde arriba, y presumiblemente hay un ascenso de regreso, y eso es el verdadero escatón, ¿cierto?

WS:  Sí – bueno, en realidad debería mencionar esto: que el verdadero escatón, para los cristianos, es trascendente con relación al cosmos tripartito como tal. En otras palabras, la  parusía  realmente es el “fin” del tiempo en ambos sentidos: a saber, la “terminación” y también el “propósito” de la creación. En otras palabras, el auténtico escatón cristiano se encuentra incluso más allá del ámbito eviterno.

AM:  Ajá. Entonces, cuando habla de la existencia tripartita, ¿no está hablando de lo sobrenatural? ¿Lo sobrenatural está por encima de eso?

WS:  Bueno, ¿sabes? Se puede emplear el término sobrenatural en varios sentidos. Lo sobrenatural, en sentido plenamente cristiano, es ciertamente trascendente respecto al cosmos: totalmente trascendente. Pero está lo sobrenatural con relación a lo corpóreo, es decir, el reino intermedio ya es, en cierto sentido, sobrenatural al respecto del corpóreo, porque se refiere a un nivel ontológico superior.

AM:  Bien.

WS:  Y más allá está lo eviterno: ¡son auténticas realidades cósmicas! Se puede entrar en ellas, lo que es, por supuesto, de lo que trataban las antiguas ciencias: en lugar de interesarse por el nivel corpóreo, gran parte de ellas se ocupaban del intermedio; y los verdaderos  sabios de la antigüedad se ocupaban mucho de lo eviterno.

Así pues, todo esto es, en cierto sentido, “sobrenatural”, pero no en sentido cristiano. En sentido cristiano, el término debe usarse solo para el ámbito verdaderamente trascendente, que es lo que el cristianismo llama el reino de Dios:  ¡esto  es lo sobrenatural!

AM:  ¡Vaya! Siento decirle, doctor, que estamos terminando. Sabía que esto pasaría. No he podido preguntarle todo lo que quería. Así que, solo para repetir, su intención es lograr que este opúsculo -que recomiendo encarecidamente, lo he leído con mucho provecho- llegue principalmente a sacerdotes, y si alguien quiere una copia, puede conseguirla gratis. Pueden ir al enlace que voy a poner. Ya he puesto uno en Catholicism.org, y voy a poner otro en nuestra página Reconquest.net, para que la gente pueda conseguirlo.

Bueno, doctor, le agradezco mucho que se haya tomado el tiempo de hablar conmigo esta noche, y espero que muchas personas accedan a este libro y lo lean. Es muy importante.

WS:  Claro, todo el acercamiento a los sacerdotes me es muy, muy querido, porque son personas heroicas: han dedicado su vida a Dios, y tenemos que ofrecerles toda la ayuda que podamos para protegerlos de toda la desinformación que pretende ser ciencia, que en realidad es satánica, y que ya ha causado grandes estragos dentro de la Iglesia. Por lo tanto, debemos tratar de ayudar a los sacerdotes a liberarse de tales obstáculos.

AM:  Muchas gracias, doctor. Han escuchado Reconquest en el Canal Premium CRUSADE. Que Dios les bendiga y que María les guarde.

Traducido del inglés por José Antonio Estarelles

 

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Ya está disponible The End of Quantum Reality, el documental de la Fundación Philos-Sophia Initiative que relata la vida y obra del Dr. Smith. Incluye subtítulos en español en DVD, Blu-ray y Vimeo.

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References
1 En realidad éste es el título de la republicación en 2012 del antes mencionado, Teilhardism and the New Religion  (1988). —Ed.
2 Soma, psyche  y neuma  son los términos originales griegos que corresponden respectivamente a los latinos corpus, anima  y spiritus.  En castellano: cuerpo, alma  y espíritu. —Ed.